sábado, 3 de octubre de 2009

Un vistazo a los vestigios

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martes, 29 de septiembre de 2009

Arte rupestre en Uruguay




Pintura rupestre
El término «rupestre» deriva del latín rupestris, y éste de rupes (roca), aunque también es sinónimo de primitivo. De modo que, rupestre haría referencia a cualquier actividad humana sobre los muros de cavernas, covachas, abrigos rocosos e, incluso farallones o barrancos, etc.
Representaciones del arte prehistórico: las pinturas(al estar protegidas de la erosión por la naturaleza del soporte, las pinturas rupestres han resistido el pasar de los siglos), los grabados, las esculturas y los petroglifos, grabados sobre piedra por percusión o erosión.

Se trata de una de las manifestaciones artísticas más antiguas de las que se tiene constancia, ya que, al menos, existen testimonios datados hasta los 40.000 años de antigüedad.


Estas pinturas — y las otras manifestaciones asociadas — revelan que el ser humano, desde tiempos prehistóricos, organizó un sistema de representación artística, se cree, en general, que se halla relacionado con prácticas de carácter mágico-religiosas para propiciar la caza.



Temática, colores y técnicas
En las pinturas rupestres se simbolizan seres humanos, animales (en su mayoría de sexo femenino ya que creían mejorar la fertilidad de los animales pintados) y el medio ambiente, representando además el comportamiento habitual de las colectividades y su interacción con las criaturas del entorno y sus deidades. Entre las principales figuras presentes en estos grafos encontramos imágenes de lanzas y figuras humanas, aunque las marcas de manos también ocupan un porcentaje importante.


Los motivos y los materiales con que fueron elaboradas las distintas pinturas rupestres son muy similares entre sí, a pesar de los miles de kilómetros de distancia y miles de años en el tiempo. Se señala que todos los grupos humanos que dependían de la caza y recolección de frutos efectuaron este tipo de trabajo plástico.

En la pintura rupestre generalmente se usaban uno o dos colores, incluyendo algunos negros, rojos, amarillos y ocres. Los colores también llamados pigmentos eran de origen vegetal como el carbón vegetal, de fluidos y desechos corporales como las heces, compuestos minerales como la arcilla, mezclados con un aglutinante orgánico: resina o grasa.

Los colores se untaban directamente con los dedos, aunque también se podía escupir la pintura sobre la roca, o se soplaban con una caña hueca finas líneas de pintura. Como lápices se usaban ramas quemadas y bolas de colorante mineral aglutinadas con resina. A veces se aprovechaban desniveles y hendiduras de la pared para dar la sensación de volumen y realismo.

A menudo las siluetas animales se marcaban o raspaban para generar incisiones y así producir un contorno realista y notorio en la roca.

La edad de las pinturas permanece en muchos sitios arqueológicos como un gran interrogante, ya que los métodos para determinarla, pueden fácilmente llevar a resultados erróneos por la contaminación del material evaluado.



ARTE RUPESTRE EN URUGUAY






En 1875, cuatro años antes del descubrimiento en Europa de las pinturas de Altamira (inicialmente no consideradas como arte prehistórico) un ingeniero español Barrial Posadas en el Uruguay, copiaba cuidadosamente los diseños que veía en una enorme piedra y agregaba luego al pie de la lámina, sin ninguna duda, que ellos eran "diseños de indios".

Esto ocurría en un país como el Uruguay, que desde el siglo pasado se jactaba en América, de no tener más indígenas.

Luego de este primera contribución (que marca el nacimiento de la primera etapa de la arqueología uruguaya), otros investigadores como Figuerido, Larrauri, De Freitas, Figueiras, Consens y Bespali, Pelaez y Consens han trabajado, publicando, revisando y descubriendo nuevos sitios en el resto del país.

Como resultado de esas investigaciones, se conocen hoy decenas de sitios con pinturas y grabados. Los primeros ubicados al sur del Río Negro y los segundos al norte.

Las técnicas de expresión conocidas en el arte rupestre uruguayo generalmente son monocromático en distintos tonos de rojo.


Así encontramos:
*Impresiones de palma de mano en positivo, tanto adultas como juveniles.
*Trazos de grosor digital.
*Trazos realizados con instrumento-pincel fino de dos tipos: rígido y flexible.
*"Grabado fino" incisión realizada con instrumento cortante agudo, se da en su tipo geométrico irregular "destructivo"


LOS GRABADOS

Los grabados se iniciaron entre los 6 a 8 mil años antes del presente, en un medioambiente muy distinto al actual. Por ello podemos ver como guanacos (hoy desaparecidos) y felinos aparecen en grandes bloques horizontales, junto a sencillos dibujos geométricos.
Por último hace unos mil doscientos años, surge un estilo de diseños esquemáticos tanto antropomorfos como zoomorfos, junto a una técnica de grabado profundo y a veces alisado. Rsto obliga a los investigadores a complejos trabajos técnicos para recuperar la información.


Algunos de esos sitios reciben ofrendas con carácter ritual.


En algunas áreas de los departamentos de Salto, Artigas y Paysandú es posible apreciar grabados.


LAS PINTURAS

Las pinturas están realizadas en las paredes verticales de enormes bloques de granito, que emergen como grandes monumentos en las amplias praderas onduladas del sur del Uruguay.

Se conservan aún hoy unas cuarenta de estos sitios con un grado de percepción visual aceptable. Mientras que en cerca de cien bloques, apenas se ven los restos de los que fueran importantes murales pintados. Algunas áreas de los departamentos de Flores, Florida y Durazno debieron ser en esa época, verdaderas exposiciones al aire libre.

Como mínimo se comenzó a pintar hace unos dos mil quinientos años antes del presente. Hubo un período posterior alrededor del año 1.200 D.C., donde se vuelve a pintar, sobe la misma base estilística de figuras geométricas. Pero ahora se utilizan complejas formas cerradas, con importante variación de los diseños internos.

También en ese per-odo se ensayan varias técnicas diferentes como el uso de pinceles finos (2 a 3 mms.), la preparación de la superficie previo al diseño, manos en positivo e incluso pintura en negativo. Hay un especial cuidado en no sobreponer las pinturas, cuidándose el uso del espacio, como una referencia muy valiosa.



EL ESTADO ACTUAL

Los daños por vandalismo, una equivocada aplicación de la Ley de Minería y las falta de compromiso y dialogo por parte de la Comisión Nacional de Patrimonio esta provocando la desaparición de cerca de un 20% del arte rupestre conocido en el Uruguay. Otro 30 % de los sitios presentan ya graves daños en sus superficies y sobre los diseños. Todos estas acciones han ocurrido en los últimos 20 años.

El CIARU mantiene registros digitalizados de todas las pinturas y grabados que documentó en los últimos 25 años de trabajo en Uruguay. Incluso de varias pinturas y grabados hoy ya desaparecidos. Lo cual lo convierte de hecho en la única fuente de documentación del arte rupestre del Uruguay.

Desde hace mas de veinte años, sus miembros y luego la institución, vienen realizando exposiciones públicas, conferencias, cursillos y distribuido material bibliográfico, para sensibilizar y hacer conocer el arte prehistórico en el país.

Tanto esta actividad de difusión que es la que ha producido la sensibilización de los medios y la sociedad, así como los valiosísimos trabajos de documentación de los sitios de arte rupestre en Uruguay han sido todos realizados exclusivamente con el apoyo técnico, humano, de infraestructura y económico del CIARU en su carácter de Organización No-Gubernamental.

Se ha suspendido desde 1997 las nuevas investigaciones en arte rupestre (tal como comunicado a la Comisión del Patrimonio), hasta que no se den en Uruguay las condiciones que permitan el adecuado y mínimo ámbito para una investigación científica basada en pertinentes evaluaciones técnicas y profesionales.












miércoles, 23 de septiembre de 2009

Indígenas del Uruguay







Características generales de los primeros pobladores del Uruguay:
*Poblamiento tardío - Alrededor de 12.000 años de antigüedad.
*Cazadores y recolectores (Depto. de Artigas)
*Agricultores primitivos (Depto. de Río Negro)
*Pulido de la piedra (Boleadoras, Morteros y Rompe-cabezas)
*Trabajos con otros materiales (huesos, madera, cerámica)



Desde el punto de vista de la población aborigen que ocupó en épocas anteriores al descubrimiento del Río de la Plata, el actual territorio del Uruguay debe ser considerado integrándolo en un área más extensa, configurada por las planicies que abarcan las cuencas de los grandes ríos Paraná y Uruguay desde sus fuentes en el sur del Brasil actual y sus afluentes, principalmente el Río Negro.
Esas poblaciones indígenas son todas ellas integrantes de un gran grupo étnico y lingüístico al que se designa como “guaraní-tupí”, del cual en realidad se conoce bastante poco.

Por lo general se distingue entre los pueblos que habitaban el continente americano antes del descubrimiento, haciendo una diferenciación según su grado de desarrollo cultural.
En un grado más primitivo, se sitúan los pueblos indígenas que permanecían en el nivel de los que procuraban su sustento mediante la caza, la pesca o la mera recolección de frutos y vegetales silvestres, y que generalmente no se asentaban en un lugar, al menos en forma permanente o muy duradera; por lo que eran nómades. Eran pueblos que no tenían un orden social estructurado, con alguna forma de autoridad central, sino que por lo general conformaban agrupamientos al nivel de la horda o de la tribu; ni una religión o creencias de carácter sobrenatural evolucionadas, con dioses plenamente identificados, sino que asigaban índole religiosa a las fuerzas naturales que se les imponían.
No conocían los metales, por lo cual todo sus instrumental, ya fueran armas o utensilios, eran de piedra o de ramas; utilizando para confeccionar instrumentos para raspar o punzar, una piedra cristalizada, la sílice, trabajada por percusión para construir bordes afilados.
En consecuancia, no poseían armas mucho más evolucionadas que las resultantes del empleo de ramas de árboles o piedras, y el arco y las flechas.
Habían llegado a dominar el fuego, que utilizaban para calentarse en tiempos de frío y para cocinar sus alimentos; También parece - atendiendo a algunos hallazgos arqueológicos - llegaron a disponer algunos elementos de cerámica de uso doméstico, como ollas, vasijas y algunas urnas funerarias. Por supuesto, no conocían la escritura.
Hasta que los europeos no introdujeran el ganado vacuno y caballar, la fauna autóctona no comprendía casi animales de cierto porte y utilidad; con la relativa excepción de los avestruces, que se supone cazaban empleando las boleadoras: juego de tres esferas de piedra atadas a una especie de cordeles unidos en el otro extremo, teniendo en la mano el cual eran giradas en el aire y luego lanzadas para enredar las patas del ave corredora, incapaz de volar. Otras especies que podrían haber cazado, pueden mencionarse la perdiz, la nutria, o el capincho.
En cuanto a los vegetales, al parecer utilizaban en su alimentación algunos frutos silvestres que proveía la poco variada flora autóctona, entre los que se menciona habitualmente el burucuyá, el arazá, la pitanga y el butiá.
Casi no usaban vestimenta, por lo que cabe presumir que la piel y plumas del avestruz — y excepcionalmente de otros pequeños animales silvestres — fueron casi los únicos elementos con que contaron para confeccionarse abrigos y cubrir sus precarias viviendas; por lo menos hasta que dispusieron de los cueros vacunos. Obviamente desconocieron el comercio, ni siquiera al nivel del trueque.





En realidad, casi nada es posible conocer de ellos en relación a épocas anteriores a los siglos XV y XVI, cuando llegaron los españoles. Los únicos rastros que quedaron de ellos - especialmente en el actual territorio uruguayo - son algunos yacimientos arqueológicos compuestos sobre todo por puntas de lanzas y esferas de boleadoras hechas de piedra granítica, y algunos restos de utensilios cerámicos primitivos.
Por otra parte, la colonización de las zonas del Río de la Plata no tuvo inicialmente las características de explotación territorial y económica que, en otras zonas del continente americano. De tal manera, se conoce que existían diversos agrupamientos que pueden considerarse de carácter tribal, localizados en diversas zonas del territorio antes mencionado:
Los Guaraníes - que al parecer formaban el tronco originario - habitaban las zonas semiselváticas de lo que hoy es el Paraguay; aunque al llegar los españoles los había en la zona del norte el actual Uruguay, del actual Estado brasileño de Río Grande del Sur y la región de la actual Provincia de Buenos Aires.
Otra tribu, los Guyanás ocupaban los territorios comprendidos entre la laguna De los Patos, y el sur del Río Uruguay a partir de sus fuentes, hasta el cauce curvado hacia el norte y el oeste de su afluente el Río Ibicuy; en el sur del Brasil, hacia donde parecen haber sido desplazados por migraciones guaraníes provenientes del oeste.
Propiamente en el actual territorio uruguayo se encontraban la tribu de los Chanás, sobre la costa del Río de la Plata y siguiendo el curso del río Paraná en la actual mesopotamia argentina. En el territorio actual del Uruguay, habitaban ambas costas del Río Uruguay en su curso inferior, el delta del Río Negro, y costas del Río de la Plata.
Fronterizos con ellos hacia el norte, el principal grupo indígena que poblaba ese territorio este de la mesopotamia argentina a ambos lados del Río Uruguay, eran los Charrúas que dentro de actual territorio uruguayo ocupaban el área al norte y al sur del Río Negro, y se acercaban a la costa en el actual Departamento de Rocha. La costa argentina del Río Uruguay al norte de la desembocadura del Río Negro, la ocupaban los Minuanes. La zona de los actuales Departamentos de Río Negro y Durazno era ocupada por la tribu de los Yaros; en tanto que los Bohanes ocupaban aproximadamente los Departamentos de Paysandú y Salto, y los Guenoas la zona de los Departamentos de Tacuarembó, Treinta y Tres y Cerro Largo.
Se considera de tanto los yaros, como los guenoas, bohanes y minuanes eran grupos de los propios charrúas. Lo cierto es que hacia la iniciación de la época colonial habían quedado prácticamente confundidos con ellos; del mismo modo que en los primeros tiempos de la colonización, empujados por los colonos entre otros motivos, se fueron desplazando continuamente de sus asentamientos originarios y por lo mismo confundiéndose cada vez más, por lo que usualmente se les ha designado genéricamente como charrúas.

Los Guaraníes
Los pueblos guaraníes eran numerosos en la época precolombina, y ocupaban un área extensa, en el norte del río Uruguay, actuales zonas de la Provincia de Sante Fé Misiones y Chaco (Rca. Argentina), Paraguay y sur del Brasil (Río Grande del Sur, aproximadamente); y también territorios costeros de la orilla sur del Río de la Plata y del Océano Atlántico.
Eran comparativamente más adelantados que los demás indígenas del oriente sudamericano, habiendo alcanzado a realizar algunos cultivos rudimentarios - nada cercano a la agricultura del maíz de los incas peruanos - a confeccionar mejores utensilios, acondicionar las pieles y cueros, a hilar y tejer algunas fibras como probablemente el algodón, y a navegar habilmente los ríos y lagunas. También criaban algunos animales de utilidad alimenticia; y en sus aldeas existió cierto principio de división del trabajo, especialmente en las habilidades artesanales.
De los pueblos indígenas de esta parte del continente, son los que han dejado más huellas hasta los tiempos actuales, especialmente en nombres de lugares.

*Eran cultivadores, vivían en aldeas
*Utilizaban como instrumentos de labranza azadas y palos
*Cultivaban maíz, trigo y calabazas
*Domesticaban animales e hilaban el algodón
*Colocaban sus muertos en urnas de cerámica
*Creían en un ser superior, al cual llamaban “Tupá”; y practicaban la antropofagia ritual







Los Charrúas
Provenientes al parecer de la zona pampeana, ocupaban un área cercana al Río de la Plata, actuales Departamentos de Rocha, Maldonado y Montevideo, aproximadamente; en tanto que en la costa de los actuales Departamentos de San José y Colonia estaban los chanás, provenientes del mismo tronco étnico. Por el oeste lindaban con los territorios ocupados por los yaros; pero hacia el norte se encontraban separados por una vasta zona desploblada, de los asentamientos más avanzados de los guaraníes que ocupaban el actual territorio sur del Brasil, hacia la cual fueron desplazándose progresivamente a medida que avanzaba la colonización y también como consecuencia de diversos movimientos militares durante la época revolucionaria.
Originariamente muy belicosos, se les atribuye haber dado muerte al navegante español Juan Díaz de Solís, cuando desembarcara sobre la costa en el viaje que comandaba, y que produjo el descubrimiento del Río de la Plata. Destruyeron todos los primeros establecimientos de los colonos, generalmente de construcción ligera; lo que produjo en buena medida que el territorio al oriente del Río Uruguay fuera dejado yermo por los colonizadores españoles afincados en Buenos Aires; y que solamente
Hernando Arias de Saavedra desembarcara allí unos cuantos ejemplares de ganado vacuno, para dejar que se reprodujera espontáneamente.
Por eso mismo, el territorio por el cual vagaban los charrúas no fue atendido, hasta que los portugueses fundaron la Colonia del Sacramento, llevando a que se decidiera construir una posición muy fortificada en la bahía de Montevideo, lo que determinó que los indios se alejaran de la costa, hacia el norte; absorbiendo y extinguiendo a las poblaciones de los yaros y los bohanes.
Posteriormente, con el progresivo asentamiento de colonos y el desarrollo de “estancias” ganaderas cada vez más hacia el norte, las poblaciones indígenas más rudas — que no se integraban en las actividades ganaderas ni se mestizaban — se mantuvieron en gran medida dentro de los altamente despoblados territorios; depredando los ganados y a menudo agrediendo a los pocos colonos.
Según parece, eran de fuerte complexión física, siendo su talla algo superior a la media de los españoles; generalmente delgados, y con un color de piel muy oscuro, ojos negros, y al parecer estaban dotados de excelente sensibilidad visual y auditiva. No tenían barbas aunque sus cabellos eran muy negros, aún en los ancianos, se mantenían espesos no obstante la edad; y los llevaban muy largos ya que no los cortaban, aunque solían atarlos con alguna especie de cordel, adornándolos con plumas, como también usaban vincha.
Su organización social era en grupos tribales, compuestos de una decena de familias, o poco más; y tenían un jefe o cacique, cuya principal función era dirigirlos en combate. Sus alojamientos consistían en simples tolderías, que construían con un armazón hecha con algunas ramas verdes de árboles, que curvaban hincando en tierra ambos extremos, cruzando unas con otras y colocando sobre ellas cueros de vaca, a donde penetraban por un escaso agujero. Normalmente iban desnudos, aunque en épocas de frío vestían algún cuero al que hacían un agujero para pasar la cabeza (antecedente del “poncho” gaucho); y solamente en los últimos tiempos usaron algunas telas obtenidas de los colonos. Carecían de todo aseo o costumbre de bañarse, por lo que exhalaban un verdadero tufo.
Considerando que casi todos los elementos de que se servían en la época de la colonización, provenían del ganado introducido por los españoles, es de suponer que antes de su llegada su cultura y condiciones de vida hubieron de ser totalmente primitivas.
Los caracteres principales de su grado de desarrollo pueden resumirse así:
*Formaban grupos de cazadores, recolectores y “pescadores”
*Usaban como armas el arco, flechas, boleadoras y “rompe-cabezas”
*Practicaban un comercio primitivo
*Se agrupaban en familias y tribus
*No conocían la propiedad individual
*Tenían una división del trabajo por sexo y por edad
*Habitaban viviendas de juncos, ramas y cueros
*Reconocían la autoridad de un jefe o cacique, especialmente en el combate
*Usaban una vestimenta primaria, el “quillapi”
*Tenían creencias muy primitivas:
- el espíritu maligno “gualicho”
- en una vida de ultratumba, por lo que hacían enterramientos colectivos, los “cerritos de indios”
*Se practicaban mutilaciones en señal de duelo.
A estar a los relatos de Félix de Azara —- escritor naturalista español que estuvo en Montevideo a partir de 1781 y que siendo ingeniero de tierras fue auxiliar de Artigas en sus actividades como Capitán de los Blandengues — en su libro “Viajes por la América meridional”, su comportamiento cultural era muy tosco, sin que tuvieran una religión o adoraran alguna fuerza de la naturaleza; ni practicaran danzas o cantos. Sus gestos eran monocordes, sin que siquiera expresaran alegría con risas.
Hablaban una lengua particular, aunque derivada del guaraní; de sonidos sumamente guturales, que pronunciaban moviendo escasamente los labios y empleando preferentemente la garganta y la nariz.
Habían aprendido a cabalgar “en pelo” con habilidad y lo hacían armados con una larga lanza de caña tacuara que podía alcanzar a una longitud de unos 3 metros, en cuyo extremo solían colocar un elemento afilado, hecho con planchuelas de hierro, que al parecer habían obtenido en tratos con los incursores portugueses que venían desde el Brasil. También usaban flechas cortas que llevaban reunidas y colgadas a su espalda.
Generalmente rastreaban las partidas de milicianos españoles que se adentaban en el territorio, permaneciendo siempre en sus cercanías; aunque raramente les presentaban combate. Cuando lo hacían, atacaban al galope de sus cabalgaduras, profiriendo fuertes gritos y matando a todos los hombres, para conservar como prisioneros solamente las mujeres y los niños, a quienes integraban en su grupo.
Esta práctica dió motivo al argumento de una de las obras más valiosas de nuestra literatura, el poema “Tabaré” de Zorrilla de San Martín.
Por tal motivo, a pesar de su atraso cultural, durante cierta época causaron grandes dificultades a los colonizadores; y dada la imposibilidad de someterlos o asociarlos a la sociedad colonial, fueron siendo exterminados, tanto que en la época de las campañas libertadoras, quedaban apenas algunos cientos de individuos. Dice Azara que no eran más de 400.
El único ceremonial que se conoce que practicaban, era de carácter fúnebre. El muerto era conducido a una pequeña elevación del terreno, donde al parecer se inhumaba a todos los fallecidos, y se le enterraba conjuntamente con sus armas, ropas y demás objetos que le habían pertenecido; lo que originó los yacimientos arqueológicos charrúas conocidos como “los cerritos”.
A veces, parece que si el muerto lo había dispuesto así, se sacrificaba sobre su tumba a su caballo más apreciado. Las mujeres acostumbraban cortarse los cabellos en signo de duelo por la muerte de su padre, hermano, o esposo. E incluso, si el muerto era el marido, se cortaban una falange del dedo meñique o de algunos dedos más; por lo que dice Azara no haber visto ninguna mujer charrúa adulta que tuviera completos los dedos de sus manos.
Al parecer, ésa y otras prácticas de autoinfligirse lesiones, sería el origen de su nombre; ya que la palabra charrúa signicaba en lengua guaraní “los que se mutilan a sí mismos”. Eso también podría originarse en que, al decir de Azara, era costumbre que las madres perforaran el labio inferior de los hijos varones muy poco después de su nacimiento, para introducir en ese agujero un trozo de madera o “barbote”, que luego seguían usando durante toda su vida.
Se atribuye el exterminio de los últimos charrúas a una matanza efectuada por milicias al mando del Gral. Rivera; aunque en realidad, en la llamada “matanza de Salsipuedes” si bien murieron unos 40 indígenas sobre todo caciques, sobrevivieron alrededor de 300, principalmente mujeres y niños.
Sin embargo, las crónicas indican que quedaron con vida cuatro indios, de nombres Sanaqué, Tacuabé, su mujer Guyunusa y Vaimaca-Pirú; y que éstos fueron llevados prisioneros a Francia, exhibidos como ejemplares de una raza exótica y sus mascarillas incorporadas al Museo de Historia de París. También se afirma que Guyunusa tuvo una hija y que su padre Tacuabé logró escapar con ella, perdiéndose su rastro. Vaimaca-Pirú fué momificado, habiéndose devuelto su momia al Uruguay, recientemente. Estos son los individuos charrúas representados en una escultura existente en un parque de Montevideo, obra del escultor Edmundo Prati.


Los Chanás

Los chanás habitaban ambas costas del Río Uruguay en su curso inferior, el delta del Río Negro, y costas del Río de la Plata, actuales Departamentos de Colonia, San José y muy al sur de Montevideo y Maldonado; pero principalmente se extendían en la mesopotamia argentina (actual provincia de Entre Ríos), a lo largo de ambas márgenes del Río Paraná, desde la desembocadura del Río Paraguay hasta el delta y su unión con el Río Uruguay.
Poco se conoce de ellos, salvo que eran básicamente pertenecientes al mismo grupo de los charrúas; aunque tenían algunas peculiaridades. Eran un pueblo seminómade, que se instalaban en aldeas costeras de lagunas o ríos; los que navegaban en canoas construídas con troncos de árboles, y en los que pescaban; en algunas regiones del área del Río Paraná iniciaron algunas actividades de cultivo; fabricaban una cerámica dotada de mangos y decorada, y parece que habían desarrollado algún comercio con los guaraníes.
Al igual que los otros indígenas de la zona, parece que solamente comenzaron a utilizar algunas vestimentas cuando los europeos introdujeron el ganado del cual obtener cueros; y también rudimentarias telas de algodón que serían de origen guaraní, dado que esa planta crece en los territorios cálidos del norte. Los restos arqueológicos y cerámicos sugieren un grado de avance ligeramente superior al de los charrúas.

Bohanes, Guenoas y Yaros
Se trata de tres tribus menores, que - al igual que los minuanes - se consideran muy cercanas a los charrúas. Originarios al parecer de la zona actualmente argentina de Entre Ríos, fueron desplazándose hasta ocupar los territorios comprendidos entre los afluentes del Río Uruguay al norte del Río Negro, y al sur del Río Ibicuy; en que se encontraban a la llegada de los españoles.




El Arte Indígena en Uruguay







Sucede al visitar las exposiciones de Arte Indígena, la mirada se modifica. Aquellas reproducciones de los libros adquieren en el encuentro con los originales del museo una enorme emoción , objetos líticos (puntas de lanza, anzuelos, raspadores, rompecocos, morteros boleadoras, ornotolitos, zoolitos, piedras grabadas), trozos de alfarería (jarras, escudillas, pipas, abalorios,campanas antropomorfas), collares de caracoles y punzones de hueso.